miércoles, 3 de noviembre de 2010

Escenarios de belleza para un Papa sensible a las artes

El viaje apostólico de Benedicto XVI en Barcelona tiene dos escenarios privilegiados: la Sagrada Familia de Antoni Gaudí y el Hospital del Nen Déu de reciente construcción. Y un interludio: el Palacio Episcopal de Barcelona con las grisallas de Francesc Pla, el Vicense.
La carga simbólica de la Sagrada Familia es realmente impresionante: Antoni Gaudí, respetuoso con la naturaleza, su mejor maestro, sabía que allí dónde ponía una piedra no volvería a crecer la hierba ni podrían vivir los animales, y por eso quiso glorificar la flora y la fauna de aquel solar en los pináculos y gárgolas del ábside. Pensando en la gente que no frecuentaba la iglesia, sacó los retablos al exterior (las fachadas) para que todos descubriesen en ellas algún elemento en el que se sintiesen reconocidos. Y, todavía más, puso en los remates de los campanarios la inscripción Sanctus, Sanctus, Sanctus, para que incluso el no creyente levantase la vista al cielo y musitase una plegaria. Comprender aquello que Gaudí nos quiso decir, nos ayuda a descubrir la belleza de esta construcción tan singular. El templo y su mensaje en piedra ha merecido un reciente tratado de Teología sistemática que ha publicado el Dr. Armand Puig, decano de la Facultad de Teología de Catalunya. La ceremonia de la dedicación, por el ministerio del Santo Padre, tendrá, pues unas resonancias excepcionales y será presenciada por millones de personas de todo el mundo: las cincuenta y dos columnas del interior, gigantescas palmeras de piedra, enmarcaran los himnos de los cantores a los majestuosos acordes del órgano. La figura venerable del Santo Padre rezando el Angelus dará vida al monumental pesebre que es la fachada del Nacimiento.
Sobre las escenas del Vicense en el salón del trono del Palacio Episcopal, pintadas en 1784, recuerdo unas palabras de Mons. Jaume Traserra hasta hoy obispo de Solsona y entonces auxiliar de Barcelona, en una felicitación navideña de la curia al prelado de entonces, el cardenal Ricard Maria Carles, hablando de las figuras representadas dijo: "Me he fijado en que ninguna de ellas sonríe y después he comprendido que son escenas del Antiguo Testamento, anteriores a la Encarnación". La grandeza de estas composiciones del setecientos no pasará desapercibida a Joseph Ratzinger, que proviene de la Baviera barroca.
En cuanto al encuentro de la tarde con los niños del Nen Déu –más allá del diseño funcional del nuevo edificio- creo que es como un icono de las palabras de Jesús: “Todo aquello que hicisteis a uno de estos pequeños, a mí me lo hicisteis” (Mt 25, 40). Es, si se me permite la comparación, tal como la imagen de un abuelo que visita a sus nietos el domingo por la tarde. Y muchos dicen que los niños muestran una especial sintonía con los abuelos. Por otra parte, las familias que tienen un niño disminuido saben también que los más débiles suelen ser los más queridos. Lo ha dicho el cardenal Martínez Sistach en una entrevista reciente en Catalunya Cristiana hablando de su sobrina disminuida: es el centro de la familia.
Bellos escenarios barceloneses para un Papa sensible a las artes. Un Papa que ha dicho en diversas ocasiones que el arte y los santos son la mejor defensa de la fe. Un Papa a quien complace la buena música, que toca el piano, que interpreta Mozart del cual ha dicho que “consigue reflejar la respuesta luminosa del amor divino, que da esperanza” incluso en medio del dolor. Un Papa que ha pronunciado homilías extraordinarias sobre la fe y la belleza en las catedrales de San Patricio de Nueva York y de Notre-Dame de París y que se ha reunido con artistas de todo el mundo en un marco tan emblemático como la Capilla Sixtina, par animarles a que cultiven la belleza verdadera.
Bellos escenarios de la Ciudad Condal para una visita histórica.

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